|

Entrevista a María José Sánchez Vázquez Escritora y autora del libro “El sembrador de sueños” “La vida trae circunstancias y es nuestra mente la que crea los problemas”
El Sembrador de sueños es una novela de gran valor psicológico que, en ocasiones, llega a convertirse en una original fábula. Se trata de una historia dentro de otra historia, En la historia principal está la vida de Adela. En cada una de las pequeñas historias nos encontramos sus ilusiones, sus anhelos, sus esperanzas…, sus sueños. Cuando María José Sánchez, autora de la novela “El Sembrador de sueños”, buscaba la forma de dar un sentido y unidad a las pequeñas historias que había escrito, estas se cayeron al suelo y se desordenaron por completo. Al recogerlas, el azar lo inundó todo de sentido convirtiendo sus pequeños relatos en novela. María José Sánchez, mujer discapacitada afectada por una distonía cervical, ofreció una charla coloquio a los socios y amigos de la Asociación Murciana de Esclerosis Múltiple (AMDEM). En dicho acto, la escritora habló de su libro y de la experiencia personal que ella ha vivido con su enfermedad crónica. Después habló con nosotros. 
¿Qué es El Sembrador de sueños? El Sembrador de sueños es una novela en la que se abren puertas y ventanas a la esperanza, a la ilusión, a la fantasía. Hay gente que tiene fe y se aferra a ella. Otros se agarran a lo que pueden. Pero cuando uno se encuentra muy mal y no sabe a qué agarrarse, como es el caso de Adela, la protagonista de la novela, ella se encuentra consigo misma a través de los sueños. ¿Por qué se le da tanta importancia a los sueños? Adela tiene una facilidad muy grande para soñar y desde pequeña empieza a compartir sus sueños con su familia y amigos. Los niños en ocasiones pueden ser muy crueles con otros niños diferentes y en este caso se ríen de ella porque piensan que es muy fantástica. Así que los demás niños la rechazan y ella para no sentirse rechazada decide dejar de soñar. Se conciencia a sí misma e incluso se inventa una especie de oración para antes de dormir en la que pide “no quiero soñar, no quiero soñar, quiero ser igual que los demás”. Su mayor ilusión era sentirse aceptada por los demás y para eso renuncia a algo que para ella era importantísimo. ¿Y se queda así para siempre? No. Ya en la edad adulta, Adela sufre una enfermedad, de la cual en la novela no aparece ningún síntoma, ni ningún nombre de enfermedad, ni ningún tratamiento, ni nada. El Sembrador, es un campesino onírico que va sembrando en Adela una serie de sueños que le van a ayudar a salir del estado de desaliento en el que se ve envuelta. Y será el Sembrador el que a través de estos sueños, le dará la oportunidad de conocerse mejor a sí misma y de entender el proceso por el que se encuentra atravesando en esos momentos tan difíciles para ella. En ningún momento se concreta nada acerca de la enfermedad de Adela, ni sus síntomas… ¿Esto fue intencionado? Desde luego. La finalidad era que cualquier persona que la leyera, fuera enfermo o incluso sano, se sintiera identificado y sacara su particular enseñanza, que se lo aplicara a sí mismo. La gente me lo dice y los críticos también lo han considerado así. Creo que ese ha sido el principal éxito de mi novela. Novela y compromiso social en tu caso van unidos. ¿De qué forma se plasma ese compromiso social? Escribir y hablar es mi forma de colaborar con la gente. Como físicamente no puedo, pues me dedico a colaborar con la pluma y con la palabra. Coincidiendo con la publicación de El sembrador de sueños, por ejemplo, realicé un taller que se llama “Aprender a convivir con la enfermedad”, organizado por el Teléfono de la Esperanza. A partir de ahí se corrió la voz acerca de estos talleres y acerca de “El Sembrador de sueños”. Son muchas las asociaciones, entidades y personas que solicitan mi asistencia a charlas, coloquios y reuniones. Además, sólo con el boca a boca se ha vendido prácticamente toda la primera edición de esta novela. Es mi forma de contribuir con mi experiencia, mi ilusión, mis testimonios, mis formas de contar las cosas… A la tertulia titulada “Lo bueno y lo malo de la enfermedad” han acudido neurólogos, radiólogos…, mucho personal médico que luego se lo han ido contando a sus pacientes. También ha asistido gente de esclerosis múltiple. ¿Cómo reacciona la gente ante El Sembrador de sueños? Cada uno le saca su particular enseñanza y su particular provecho. Es una novela con gran connotación psicológica. Lo que más me llena la atención es cuando personas con diferentes tipos de discapacidades, afecciones… me dicen que después de leer la novela han tenido fuerzas para hacer determinada cosa que antes no se atrevían, porque creían que iban a ser incapaces. También personas que me aseguran que tenían miedo de soñar, es como si no tuvieran ya derecho de hacerlo. A mí, cuando me lo dice la gente, de verdad que me sorprende. ¿Escribiste la novela a modo de terapia? Yo escribí la novela en un momento realmente difícil de mi vida en el que me encontraba muy mal, bastante grave en la cama. Me vino a la cabeza un poema sobre un Sembrador de sueños, que además no lo pude escribir, sino que se lo tuve que dictar a mi hija y ella lo escribió. En un principio no era novela, era como una especie de relato de cada sueño, pero que con el tiempo fue cogiendo sentido y forma. Lo que escribía se podía aplicar a lo que yo estaba sufriendo. Que los relatos breves se convirtieran en novela fue de una forma accidental. Fue algo que sucedió cuando estaban escritos los sueños como relatos individuales y metidos en una carpeta. Una tarde me fui a levantar y no llevaba la carpeta cerrada. Como yo tengo muy mal equilibrio se cayeron al suelo. Mi hija al recogerlos, los recogió sin ordenar. Cuando fui a verlos para ordenarlos, curiosamente vi que habían adquirido sentido. Al ver que tenían una cierta relación unos con otros, fue cuando se me ocurrió la idea de la novela. AL principio pensé en escribirla sólo para mí. A mí me ayudó mucho escribirla. ¿Fue entonces cuando decidiste ayudar a los demás? Como a mí me ayudó tanto escribirla pues pensé que quizás podía ayudar también a otras personas. Lo que pasa es que en un principio, una vez terminada, pues tampoco sabía qué hacer con ella. Al final fue la Editora Regional de Murcia la que se decidió a publicarla y ha funcionado perfectamente, tanto que la primera edición está casi prácticamente agotada. Pero yo no digo que este libro ayude a la gente. Es la gente la que dice que le ha ayudado mucho leer mi libro. Lo que pasa es que la gente se identifica. Primero porque la forma en la que se habla de la enfermedad es muy genérica y cualquiera podría verse reflejado en la protagonista en algún momento de su vida. Luego incluso con los sueños todos pueden verse identificados con ellos, ya que aparecen símbolos con los que casi todas las personas han llegado a soñar alguna vez. También es la fuerza que ven en Adela de ver cómo va poco a poco de la desesperanza total, de no ver salida ninguna, de pensar que su vida se ha acabado, a intentar convivir con su enfermedad. Pero para eso tenía que encontrarse ella interiormente. ¿Qué supuso la enfermedad para ti? Cuando se nace con una enfermedad, se tendrán determinados problemas, pero no hay ninguna novedad en ello. Se conocen ya los problemas desde bien pequeño. Pero cuando ya en edad adulta te viene una enfermedad que además te limita y te frena de golpe, entonces hay otra parte que también se enferma que es la mente, el alma, el subconsciente… cada uno como lo quiera llamar. Ahí es cuando empiezan los verdaderos problemas. La medicina hace lo que puede con el cuerpo con los diversos tratamientos, intervenciones o lo que sea más oportuno para mejorar la calidad del enfermo. Pero cuando se va enfermando por dentro, por muy buen trabajo que hagan los psicólogos, yo creo que es uno mismo el que lo tiene que superar. Adela, la protagonista de El Sembrador de sueños, se toma muy a mal al principio el tener que dejar su vida. En eso es quizás bastante autobiográfico. Yo también en un principio lo perdí todo. Al sentido de pérdida que pueda tenerse con cualquier tipo de enfermedad, si además se le añaden pérdidas físicas como puede ser familia o trabajo o incluso autoestima. La culminación de toda la pérdida es que se pierda la autoestima, cuando llega un momento en el que dices que ya no sirves para nada, que ya no puedes hacer nada con tu vida. Volver a relanzarte es siempre un trabajo muy difícil para el que por supuesto que se necesita ayuda. Pero tiene que salir de uno mismo. ¿Qué recomiendas a la gente que se pueda encontrar en la misma situación que te encontraste tu? A mí no me gusta dar pautas. No se puede generalizar. Cada uno se toma, ya sea la enfermedad o cualquier otra cosa, de una manera muy distinta. Hay personas que ante la misma enfermedad reaccionan de una forma muy diferente, dependiendo de su concepto de la vida o de las cosas que se tienen que ir dejando en el camino. Adela tiene que buscar sentido a su vida y lo va encontrando a través de los sueños. Es como si cada sueño que tiene le diera una herramienta para trabajarse a sí misma. Al final, por supuesto, no se cura. Como es de esperar el milagro no llega. Pero es que el milagro lo hace día a día cada uno personalmente. Adela aprende a permutar cosas que no podía hacer por otras que si podía hacer y así empieza a sentirse más útil. Hay que conseguir llegar al punto en el que se hace algo porque así se va a sentir bien, no porque no quede otra opción que hacer eso. Ese es también un proceso largo y difícil. ¿Hay que aceptar las cosas como vienen dadas y adaptarse? La vida trae circunstancias y en nuestra mente la que crea los problemas. No se trata ni de aceptar ni de resignarse ante la enfermedad. Yo, la palabra “resignación” la odio con toda mi alma. Lo importante es lograr convivir con lo que nos ha tocado a cada uno. Resulta que la enfermedad forma parte de la vida como el nacer y el morir y eso es algo a lo que no se puede escapar nadie. Lo que pasa es que todos desearíamos que nos llegara al final de la vida y no en la plenitud. Un señor de la Asociación de Esclerosis Múltiple, en la charla coloquio que organizó recientemente esta asociación, me indicó que para mí era muy fácil superar mi enfermedad porque yo escribo y podía hacer otras cosas, pero que sin embargo para él era mucho más difícil porque apenas si podía moverse. Yo le contesté que como el puede pensar y hablar, en la parte que no le quedaba de limitación es en la que debe explorar qué cosas puede hacer. Pero si soy yo o un psicólogo o un familiar quien le dice lo que tiene que hacer, no le va a servir de nada. Lo más probable es que sea una imposición y o no lo haga nunca o lo abandone enseguida. ¿Podríamos considerar El Sembrador de sueños como un libro de autoayuda? Esto no es un libro de autoayuda. La mayoría de los libros de autoayuda son como espejismos porque tampoco retratan la realidad. Por mucho que yo escriba trescientas veces que me encuentro muy bien y la vida es maravillosa, no voy a conseguir que la vida esté muy bien y todo vaya a cambiar. Eso puede crear falsas esperanzas y expectativas en el enfermo que está desesperado. Cuando a una persona le sobreviene una discapacidad pasa por varias fases y la primera es la de la desesperación. En la desesperación uno hace de todo. Pero lo único que pasa con este tipo de ejercicios de autoayuda es que, por ejemplo, terminas con la mano hecha polvo y gastas un montón de papel. Yo he hecho de todo esto y no sirve de nada. Entonces, ¿no nos das ningún tipo de recomendación? Siempre que voy a una charla o coloquio o a una entrevista intentan llevarme al huerto y sacarme una recomendación. Lo que si te puedo decir es que lo más importante es intentar tener pensamientos positivos y estar rodeada de cosas positivas. No todo el mundo tiene que escribir un libro para solucionar sus problemas. Pensar eso puede causar mucha frustración ya que es algo para lo que no todo el mundo está preparado. Pero sin embargo, si se puede pintar un cuadro, o leerle un libro a otra persona que por circunstancias no pueda leer, un montón de cosas. La imaginación no tiene límites. ¿Acaso es necesario enfermar para apreciar la vida? A mí me gustaría decir que no, pero tengo que decir que sí para la mayoría de la gente. A mí me pasó así. Yo vivía de una manera trepidante y mi enfermedad llegó de golpe y me lo cortó todo. Al llegarte una enfermedad grave o algún problema crónico, la pregunta del millón es que por qué me ha tenido que tocar a mí. Cuando te pasa algo así, aprendes a apreciar mucho más las pequeñas y grandes cosas de la vida que en otras circunstancias quizás no te pararías a ver. Y para terminar, ¿qué desearías para la gente? Lo mejor es desearles a todos que tengan felices y agradables sueños. Que se animen a cultivarlos y a examinarlos; y como no, que se decidan a invocar al Sembrador de sueños. Deseo que puedan irse a soñar la realidad cada noche y así abrir de par en par esas ventanas que les permitan ver la parte más gloriosa de su existencia. Apuntes biográficos de María José Sánchez Vázquez Nació en Moratalla en 1957. Cursó estudios de Informática e idiomas y en la actualidad estudia Filología Hispánica en la UNED. Desarrolló su actividad literaria y creativa tras tener que abandonar su trabajo en un centro de proceso de datos, por razones de salud. Se matriculó en Filosofía y Letras, estudios que también tuvo que abandonar por las mismas cuestiones de salud. No se dio por vencida y acrecentó sus conocimientos de forma autodidacta, consiguiendo diversos reconocimientos nacionales en el campo de la pintura. Ha publicado varios relatos y tres poemarios de los que se han publicado numerosos poemas en revistas de ámbito cultural. Goza de una buena crítica y aceptación. Colabora con programas de radio y con otros medios de comunicación social relacionados con el mundo de la discapacidad. |
|