| Por una “Murcia sin barreras” |
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Bordillos, peldaños, rampas con mucha pendiente… dificultan el acceso de las personas con discapacidad a los establecimientos comerciales Tres escalones en la puerta de una tienda o un probador demasiado estrecho en el que no cabe una silla de ruedas pueden dificultar enormemente la vida de una persona con discapacidad física a la hora de ir de compras, participar en las actividades de ocio y tiempo libre de la ciudad o simplemente pasear con los amigos. Estas son las barreras físicas.También se producen problemas cuando acuden grupos de personas con discapacidad a tomar un refresco a un bar o a un lugar de copas y les piden que se marchen “porque ahuyentan a la clientela”, según consideran los responsables de algunos establecimientos. Estas son las barreras psicológicas o mentales. Por este motivo, el Consejo Local de la Juventud junto a FAMDIF, el Ayuntamiento de Murcia y diversas entidades de personas con discapacidad han puesto en marcha la campaña “Murcia sin barreras”, que pretende que los lugares frecuentados por jóvenes cumplan la normativa relativa a accesibilidad. Campaña útil para todos La campaña trata de llegar a 8.000 establecimientos, entre ellos comercios, pubs, discotecas, cines, museos, a los que se les repartirá un folleto informativo por si están interesados en recibir el Sello de la Discapacidad. Tras este primer paso, una comisión formada por miembros de la Concejalía de Juventud, del Consejo Local de la Juventud y de las asociaciones de personas con discapacidad, visitarán el local y comprobarán si realmente no existen barreras, en cuyo caso se les entregará el distintivo.
La presidenta de FAMDIF, Carmen Gil Montesinos, aseguró que “esta campaña puede beneficiar a unas 30.000 personas del municipio”, a las cuáles les hace mucha falta iniciativas como esta, ya que “más del 80% de los comercios de la Región no están adaptados a personas con discapacidad”. El presidente del Consejo Local de la Juventud, Francisco Sánchez, destacó que “la situación de los jóvenes discapacitados tiene que ser totalmente normalizada: tienen derecho a subir en un autobús, a ir al cine o a tomar una copa como cualquier otro joven”. Por su parte el concejal de Juventud, Diego Calderón, afirmó durante la presentación de esta campaña que “todos, en algún momento de nuestra vida, aunque sea al llegar a la Tercera Edad, sufrimos cierta discapacidad” y podemos “necesitar de unos espacios más accesibles”. Una mañana con los medios de comunicación Comprar un sobre de matrícula para la Universidad, rellenarlo y llevarlo al Campus de Espinardo en Murcia es una actividad normal para cualquier estudiante. Para hacerlo no invertiría más de una hora, con trayecto en autobús incluido. Para una persona con discapacidad física, que se mueve en silla de ruedas, puede ser toda una odisea. Los medios de comunicación de nuestra Región lo pudieron comprobar de primera mano. Siete personas con discapacidad física y psíquica, miembros de FAMDIF, CEOM, ASSIDO y ASTRAPACE, así como miembros del Consejo Local de la Juventud (que se sentaron en sillas de ruedas para vivir la experiencia en primera persona) realizaron el 4 de julio un recorrido por las calles de la ciudad. Comenzaron en la Plaza de Belluga y tenían como destino final el Campus de Espinardo.
El primer objetivo era adquirir un sobre de matrícula en la librería González Palencia. La comitiva sobre ruedas, ayudada por voluntarios, hizo una parada en el mercado de Saavedra Fajardo para comprar unas botellas de agua con las que saciar su sed. El mercado tiene rampas, pero más pensadas para los carros de la compra que para las sillas de ruedas, ya que la excesiva pendiente impide a cualquier persona que utilice silla de ruedas subirla por sí solo. Bajarla sería aún más peligroso, por lo que se ven obligados a que alguien les ayuda a frenar la silla para bajar la rampa y de espaldas. La puerta de la librería González Palencia tiene un pequeño escalón que franquear y una puerta que ofrece resistencia para abrir. Tras conseguir acceder se hacen con los sobres de matrícula, pero necesitan comprar unos bolígrafos. Para ello se dirigen a Aguaviva, la papelería más cercana. Pero tiene dos escalones en la puerta. No les queda más remedio que llamar desde la calle y pedir a la dependienta: “¿Nos puede vender un boli?”. La dependienta está sola atendiendo a otras clientas; cuando termina, sale a la puerta y les atiende gustosamente. Pero toda la comitiva, y muy especialmente las personas que lo sufren cada día, saben que la próxima etapa, la de coger un autobús que les lleve al Campus de Espinardo, es de las más duras. El primer autobús de la línea 39 A que llega a plaza de la Fuensanta sí lleva rampa y funciona, pero no tiene cabida para seis o siete sillas de ruedas. Prosiguen hasta la puerta del edificio Alba, donde llegan sucesivos autobuses de la línea 39, pero uno con rampa que no funciona y otro sin rampa. Al parecer, uno de los conductores avisa a la empresa Latbus y el tercer autobús llega con la rampa en condiciones. Suben al autobús y se enganchan a los cinturones de seguridad. Ya en el Campus tienen que hacer frente a bordillos en aceras y edificios, puertas que pesan y rampas con pendientes difíciles, incluso para bajar por el peligro de salir disparados. Una vez entregado el sobre y ya en la cafetería de Económicas, los participantes de esta especie de Ginkana se percatan de que el mostrador está demasiado alto para pedir una consumición. “¡No me imaginaba que esto era tan duro!”, dice Francisco Sánchez, presidente del Consejo de la Juventud, después de cuatro horas en silla de ruedas. |








La campaña “Murcia sin barreras” pretende que los lugares frecuentados por jóvenes cumplan la normativa relativa a accesibilidad.