| La vida sobre cuatro ruedas |
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M. J. MONTESINOS/La Verdad Comprar un sobre de matrícula para la Universidad, rellenarlo y llevarlo al campus de Espinardo es una actividad normal para cualquier joven y en la que no invertiría más de una hora, con trayecto en autobús incluido. Para un discapacitado físico, que se mueve en silla de ruedas, puede ser toda una odisea. La Verdad y Canal 6 lo pudieron comprobar ayer. ![]() ![]() El primer objetivo era adquirir un sobre de matrícula en la librería González Palencia. La comitiva sobre ruedas, ayudados por voluntarios-as de las asociaciones citadas, hizo una parada en el mercado de Saavedra Fajardo para comprar unas botellas de agua con las que aplacar la sed. La plaza tiene rampas, pero más pensadas en los carros de la compra que en las sillas de ruedas. La excesiva pendiente de la rampa impide a cualquier discapacitado subirla por sí solo y bajarla sería aún más peligroso, por lo que se ven obligados a que alguien les ayuda a bajar en la silla de espaldas. Ya en la puerta de la librería González Palencia, hay un pequeño escalón que franquear y una puerta que ofrece resistencia para abrir. Carmen Gil Montesinos, presidenta de Famdif, ayuda a empujar la silla de ruedas de Juan Sabater, de 18 años, que sufre una discapacidad física desde su nacimiento. Detrás, le siguen otros dos jóvenes en sillas de ruedas, entre la expectación de alguna clienta que no puede evitar que se le escape un «¿Madre mía, qué lástima de criaturas!». Francisco Sánchez, presidente del Consejo Local de la Juventud también entra en silla de ruedas y explica a uno de los encargados que están llevando a cabo una campaña para que los comercios murcianos eliminen las barreras arquitectónicas. ![]() Ya tienen los sobres de matrícula, pero necesitan comprar unos bolígrafos. Se dirigen a Aguaviva, la papelería más cercana. Pero tiene dos escalones en la puerta. No les queda más remedio que llamar desde la calle y pedir a la dependienta: «¿Nos puede vender un boli?». La dependienta está sola atendiendo a otras clientas; cuando termina, sale a la puerta y les atiende gustosamente. El primer autobús de la línea 39 A que llega a plaza de la Fuensanta sí lleva rampa y funciona, pero no tiene cabida para seis o siete sillas de ruedas. Prosiguen hasta la puerta del edificio Alba, donde llegan sucesivos autobuses de la línea 39, pero uno con rampa que no funciona y otro sin rampa. Al parecer uno de los conductores avisa a la empresa Latbus y el tercer autobús llega con la rampa en condiciones. Son las 13.30 horas y los discapacitados tienen que regresar. Los miembros del Consejo Local de la Juventud les toman el relevo en las sillas de ruedas: suben al autobús y se enganchan a los cinturones de seguridad. Ya en campus tienen que hacer frente a bordillos, puertas que pesan y rampas con pendientes difíciles, incluso para bajar por el peligro de resbalar. Ya en la cafetería de Económicas, se percatan de que el mostrador está demasiado alto para pedir una consumición. ¿No me imaginaba que esto era tan duro!», dice el presidente del Consejo de la Juventud después de cuatro horas en silla de ruedas. ![]()
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'La Verdad' y CANAL 6 acompañaron a un grupo de personas con discapacidad física para conocer las dificultades del día a día. Para subir rampas necesitaron ayuda, y tuvieron que comprar bolígrafos desde la calle.


